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viernes, 21 de febrero de 2014

Sentir

Como el aire que se exhala, huyen los sentimientos.
Unos han chocado contra el aire gélido de la calle,
otros han encontrado cobijo en el conducto auditivo de un amor.
Incautos e impulsivos van y vienen.
Arrebatos de locura, momentos de pasión,
angustias asfixiantes a falta de una señal de vida,
seguidos del alivio de seguir con vida y no haber fallecido en el transcurso de un desamor.
Y más tarde, en una parada en seco, te azotan los recuerdos. Te sacuden el alma y las imágenes se agolpan en tu retina. Siendo tantas y pasando tan aprisa que crees que te estallarán los ojos.
Y en vez de eso, caen lágrimas.
Sin llanto ni melancolía. Sólo con un whiskey doble.
No es necesaria la compasión.
Tan solo se necesita tiempo.
Tiempo o una señal de vida que vuelva a sacudir tu mundo.
El punto de inflexión ocurre cuando aprendes a bailar. Bailar para sentir que no estamos muertos.
http://www.youtube.com/watch?v=dy4KGpaNHbA

martes, 10 de diciembre de 2013

Cuando dejas de escuchar, dejas de aprender.

Los que no me conocen dicen que hablo mucho. Los que me conocen dicen que callo demasiado, que pienso demasiado. Me dicen que miro mucho a los ojos, que siempre estoy atenta a lo que pasa alrededor.
(Roy Liechtenstein)
Antes yo también era como esas personas que preguntaban "¿en qué piensas?" pero descubrí algo más entretenido que esperar una respuesta a esa pregunta: adivinarla.
Me empecé a fijar en las miradas, en los tonos de voz, en las cejas levantadas y también en esos detalles que sólo son perceptibles para el más minuicioso observador. 
Cada persona es un mundo. Piensa de forma distinta, actúa de forma distinta y sin quererlo, expresa sus opiniones con sus gestos particulares. Siempre distintos.
Pero si callas, si observas, si escuchas, si deduces, si no das nada por sentado... entiendes cada mundo. Sabes cuando alguien miente, cuando alguien trama algo, cuando alguien no está de acuerdo, cuando alguien está ilusionado. Y sólo cuando percibes todo esto, sabes cómo contrarrestarlo. Entiendes que una sonrisa puede curar un mal día, que un halago puede apaciguar un mosqueo, que un par de oídos que escuchen son sinónimo de una vía de escape y entonces, y sólo entonces, puedes utilizarlo a tu favor. Puedes hacer tu entorno un lugar mejor. Puedes dar a alguien unas palmaditas en la espalda sin terciar palabra, o puedes preguntar si necesita un café. Puedes anticiparte y ayudar a restarle importancia a un problema o puedes simplemente quedarte en silencio junto a quien lo necesite.
No debes esperar a que nadie lo haga por ti, porque pocos son los que miran, pocos son los que atienden y en definitiva son pocos los que se interesan por los demás. No obstante, recuerda que tu alrededor es parte de ti y que una relación agradable viene siempre mejor que una desagradable. Por eso, sonríe, saluda, da los buenos días. A tu compañero de trabajo, al jefe, a tu familia, a tus compañeros de piso, a la vecina... y sobre todo sonríe y saluda al autobusero, al taxista, al recepcionista, al portero... porque algo que para uno no es nada, para otro ya es algo, y quizás hasta sea mucho. 



jueves, 26 de septiembre de 2013

Hay quien ve enamorarse como una pérdida de tiempo. Hay quien lo busca a toda costa, es lo que cobra sentido a sus vidas. Hay quién piensa que sólo existe un amor verdadero, hay quién dice que hay más de uno y hay quién dice que el amor no existe. Las opiniones son ricas si son propias y diversas, y además, para gustos los colores.
Personalmente veo enamorarse como una aventura. Una aventura peligrosa y arriesgada que da miedo. Pánico. Es un momento delicado, frágil y que asusta, porque llega sin que te enteres y cuando menos te lo esperas estás pendiendo de un hilo y toda tu vida da vueltas a tu alrededor mientras tu te aferras al hilo para trepar hasta arriba y recobrar el sentido.
 No busco perfecciones ni caras bonitas. No deseo lo imposible ni evito las discusiones. Intento ser consciente, no dejarme caer en el abismo... Y sin embargo, paradógicamente y contradictoriamente -la bipolaridad es mi sino- lo añoro cuando no lo tengo y lo evito siempre que puedo.
Me gustan las conversaciones, las cosas curiosas, las ganas de vivir, la riqueza de una opinión propia y la lealtad. Pero es tan engañoso el amor que todo me parece incierto, inseguro. Es como caminar sobre hielo, nunca sabes si esta vez se partirá por la mitad y caerás en el mar, gélido y impasible. Entonces nadarás, con dolor en los brazos, con un frío que no te dejará respirar y los minutos los sentirás como días hasta llegar a la orilla más cercana.
Así lo veo y así lo siento.

lunes, 27 de mayo de 2013

Fugaz

El corazón late deprisa mientras tu fuero interno te dice que no des un paso más, que no cruces la línea. La adrenalina tiñe levemente tus mejillas de rojo y aunque parezca mentira, no parece temblarte el pulso cuando te desabrochas la cazadora y la dejas caer sobre la silla.
Me miras. No me miras, me penetras con tu mirada. Mirada oscura, directa, ineludible y embaucadora. Desafiante, seductora.... 
La suerte estaba echada y el delito, estaba prácticamente cometido...

sábado, 7 de enero de 2012

Odio las despedidas.

Nacemos y ya nos estamos despidiendo. Decimos adiós a la calidez del vientre materno, a la pequeña burbuja calentita en la que estábamos... Adiós a la protección...

Es muy pronta la primera despedida. Y las despedidas son muy amargas, dolorosas, incómodas, asfixiantes...
Creo que nacemos de una materia increíblemente dura y resistente, porque las despedidas vienen y van en nuestras vidas, desde el principio, hasta el final.
Y las aguantamos. Una a una. Desde la más dolorosa hasta la más insignificante.
Desde un "agur" hasta un "hasta nunca". 

Cómo ablandecen la persona estas cosas....

Gero arte.

jueves, 5 de enero de 2012

Déjame...

Salúdame y tendrás la mejor conversación.
Mírame a los ojos y tendrás los más dulces sueños.
Acaríciame y sabrás lo que es el hielo.
Bésame y descubrirás el sabor más dulce.
Tócame el corazón y descubrirás un mundo.
Provoca mis lágrimas y vivirás arrepentido.
Escucha mis teorías y entenderás qué siento.
Oye mi música y sabrás lo que es vivir.

Pero si sólo quieres poseerme, tú déjame...
...y jugaré contigo.

martes, 20 de diciembre de 2011

Quién nos ha visto y quién nos ve

Estaba viendo fotos.
Iban en orden: de las más recientes a las más viejas.

Me he reído sola.

He recordado cuales son mis orígenes, de dónde vengo, cómo fui, por qué hice aquello, por quién lo haría de nuevo... Me ha servido para saber quien soy ahora, y por qué.

En nada Navidad y por vez primera en mucho tiempo, creo que va a ser uno de los momentos más felices del año.

Ganas de volver a casa, con los de casa.

"Y aquí seguimos, sin perder el norte."

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Un día conocí a un hombre

Una vez conocí a un hombre.
Digo que lo conocí porque me confesó su mayor miedo.
Digo que era un hombre porque me confesó que su mayor miedo era que pasaran los años y se viera solo.

Sonreí y le prometí que yo, por el momento, no lo iba a abandonar.
Demostré que era una mujer porque le dije "por el momento" en vez de "nunca".
Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que no fui tan mujer, porque pensé como una niña que, yo nunca estaría sola. Pensé en mi enorme familia, en todos mis amigos y los que me quedaba por conocer... Y sentí lástima por él pero sin compartir ese miedo.

Ha pasado ya mucho tiempo desde aquello.
Él demostró con unos actos que también era un niño con atisbo de hombría, lo mismo que me pasaba a mi.
Y sin embargo, juntos, nos hicimos algo más mayores y al final del todo, me hizo compartir y verdaderamente comprender su miedo.

Llegó ése día que a muchos nos llega en el que te encuentras solo en tu cama, llorando por estar solo aun sabiendo que hay treinta personas a tu alrededor a menos de unos metros de distancia. No obstante, cuando te acuerdas de eso, lo único que haces es encogerte más en tu colchón y llamar a alguien que sabes que nunca va a fallarte: la ama.
Entre sollozos le dices que ya te has dado cuenta. Que se acabó el juego.
Que aquel chiste de que los animalitos son nuestros amiguitos, que hay un príncipe azul -y sólo uno- esperándote ahí fuera, que los amigos nunca te harán daño y que siempre habrá un buen chocolate caliente y una bufanda que te cubra la nariz en cada invierno es mentira. Mentira podrida.

Cuando ese día llegó y yo estaba acurrucada en mi colchón hablando con mi ama ella me dijo que los amigos de verdad son cuatro contados. Creo que una vez más la ama tiene la razón -ya se sabe que "las amas siempre tienen la razón"- y me puse a echar cuentas. Esa misma tarde quedé con uno de esos "cuatro" amigos y lo vi claro. Pero al haberme equivocado tantas veces al creer conocer a algunos de los "tres" restantes le confesé que desconfiaba mucho. Que de él (ella en realidad) me fiaba, pero de los próximos no.
Nunca he dudado que aun faltan por pasar muchas personas en mi vida, pero no va a ser tan fácil que se queden, o eso creo yo.
Desde luego, las únicas conclusiones que he sacado de todo esto es que esas "cuatro" personas son las de toda la vida, las que hasta ahora no te han fallado y tienes la firme corazonada (que no sólo impresión ¡ojo!) de que no lo harán pertenecen a ése cuarteto aunque seguro que llegará alguna más.
Y para terminar, que aquel hombrecillo, temía bien, pero yo, por mucho que la distancia me separe de mi "cuarteto" no estaré sola.