lunes, 12 de febrero de 2018


El lorenzo duele. Por lo visto ayer cuando llegué de fiesta no cerré bien la ventana.
Y no me ha importado. 

- Más entradas a medio escribir. Esta vez, de 2010.-

Entrar al facebook y ver tonterías, tonterías y más tonterías.
"increíbles 35 imágenes que muestran buenas acciones" y se ve a un hombre salvando un pez muy grande que (no sabría decir qué especie es). Me río pensando que mejor acción sería pescarlo, que con ese bicharraco come y cena todo mi edificio. 
La parte más deshumanizada de mí, la misma que tanto me cuesta apartar de mi mente, piensa que es lamentable que se exhiban como trofeos 35 míseras imágenes (teniendo en cuenta la población mundial). Debería ser lo normal. (Lo del cachalote este quizá no, pero vaya, el echar una mano a la vecina que no puede con las bolsas de la compra, o acercarse voluntariamente a un turista extraviado también son buenas acciones y no se necesita una fotografía que lo certifique ¿no?).
Será que leo demasiado melancoholismo. 


- Notas guardadas hace años a medio escribir que creo, merecen ser exhibidas. -

Puede que retome el blog.

miércoles, 30 de abril de 2014

Art Blakey

"El jazz durará mientras la gente lo escuche a través de los pies y no del cerebro" 

John Philip Sousa (1854-1932).



sábado, 5 de abril de 2014

Soñando

Si te guardo en mis recuerdos quizás tu mentón tenga cuatro pelos más y tu melena deje de ser tan larga como el día en que te conocí. Entonces tus carcajadas serán más sonoras aún y seguiré disfrutando viéndote echar hacia atrás la cabeza, con los ojos cerrados, disfrutando de la vida mientras ríes.

Es probable que sólo guardándote en mis recuerdos, tu olor deje de hacerme balbucear cada vez que nos crucemos y podré contestar algo coherente a la par que interesante. Si sólo te dejo vivir en mis recuerdos no seré tan ridícula ni me temblarán las rodillas cuando me des un beso.

Estoy convencida de que si no te dejo huir de mis recuerdos, tu voz seguirá siendo grave y pausada durante años. Así podré dormir tranquila sabiendo que reposarás tu mano en mi ombligo al acostarte a mi lado. Seguramente, si te guardo en mi mente, no habrá noche sin guerra, ni despertar sin caricias y el tiempo se parará cada vez que acaricies mi mejilla.
Así, si sólo te guardo en mis recuerdos, puede que tus manos sean más hábiles y mis piernas más largas. Y puede que encontremos la paz en un lugar muy lejano a donde nos conocimos. 

Quizás así tu mirada siga penetrándome tan fuerte que me haga soltar un gemido sin querer. Creo que sólo así tus ojos seguirán velando por mí cuando guardes silencio y me observes actuar, mientras ves en mí más allá que los demás. No me cabe duda de que entonces dejarán de importar la vida y la muerte, el tiempo y los años. Dejarán de existir fronteras y jerarquías...

Sí, creo que será mejor que te guarde en mis recuerdos. A veces es necesario un lugar de ensueño para escapar de la realidad.




miércoles, 2 de abril de 2014

Pequeño tesoro

"No digas todo lo que sabes,
no hagas todo lo que puedes,
no creas todo lo que oyes,
no gastes todo lo que tienes;

porque:
el que dice todo lo que sabe,
el que hace todo lo que puede,
el que cree todo lo que oye,
el que gasta todo lo que tiene;

muchas veces:
dice lo que no conviene,
hace lo que no debe,
juzga lo que no ve,
gasta lo que no puede."

"hay amigos que son como hermanos". (Cuenbridge)

viernes, 21 de febrero de 2014

Sentir

Como el aire que se exhala, huyen los sentimientos.
Unos han chocado contra el aire gélido de la calle,
otros han encontrado cobijo en el conducto auditivo de un amor.
Incautos e impulsivos van y vienen.
Arrebatos de locura, momentos de pasión,
angustias asfixiantes a falta de una señal de vida,
seguidos del alivio de seguir con vida y no haber fallecido en el transcurso de un desamor.
Y más tarde, en una parada en seco, te azotan los recuerdos. Te sacuden el alma y las imágenes se agolpan en tu retina. Siendo tantas y pasando tan aprisa que crees que te estallarán los ojos.
Y en vez de eso, caen lágrimas.
Sin llanto ni melancolía. Sólo con un whiskey doble.
No es necesaria la compasión.
Tan solo se necesita tiempo.
Tiempo o una señal de vida que vuelva a sacudir tu mundo.
El punto de inflexión ocurre cuando aprendes a bailar. Bailar para sentir que no estamos muertos.
http://www.youtube.com/watch?v=dy4KGpaNHbA

martes, 10 de diciembre de 2013

Cuando dejas de escuchar, dejas de aprender.

Los que no me conocen dicen que hablo mucho. Los que me conocen dicen que callo demasiado, que pienso demasiado. Me dicen que miro mucho a los ojos, que siempre estoy atenta a lo que pasa alrededor.
(Roy Liechtenstein)
Antes yo también era como esas personas que preguntaban "¿en qué piensas?" pero descubrí algo más entretenido que esperar una respuesta a esa pregunta: adivinarla.
Me empecé a fijar en las miradas, en los tonos de voz, en las cejas levantadas y también en esos detalles que sólo son perceptibles para el más minuicioso observador. 
Cada persona es un mundo. Piensa de forma distinta, actúa de forma distinta y sin quererlo, expresa sus opiniones con sus gestos particulares. Siempre distintos.
Pero si callas, si observas, si escuchas, si deduces, si no das nada por sentado... entiendes cada mundo. Sabes cuando alguien miente, cuando alguien trama algo, cuando alguien no está de acuerdo, cuando alguien está ilusionado. Y sólo cuando percibes todo esto, sabes cómo contrarrestarlo. Entiendes que una sonrisa puede curar un mal día, que un halago puede apaciguar un mosqueo, que un par de oídos que escuchen son sinónimo de una vía de escape y entonces, y sólo entonces, puedes utilizarlo a tu favor. Puedes hacer tu entorno un lugar mejor. Puedes dar a alguien unas palmaditas en la espalda sin terciar palabra, o puedes preguntar si necesita un café. Puedes anticiparte y ayudar a restarle importancia a un problema o puedes simplemente quedarte en silencio junto a quien lo necesite.
No debes esperar a que nadie lo haga por ti, porque pocos son los que miran, pocos son los que atienden y en definitiva son pocos los que se interesan por los demás. No obstante, recuerda que tu alrededor es parte de ti y que una relación agradable viene siempre mejor que una desagradable. Por eso, sonríe, saluda, da los buenos días. A tu compañero de trabajo, al jefe, a tu familia, a tus compañeros de piso, a la vecina... y sobre todo sonríe y saluda al autobusero, al taxista, al recepcionista, al portero... porque algo que para uno no es nada, para otro ya es algo, y quizás hasta sea mucho.