martes, 20 de diciembre de 2011

Quién nos ha visto y quién nos ve

Estaba viendo fotos.
Iban en orden: de las más recientes a las más viejas.

Me he reído sola.

He recordado cuales son mis orígenes, de dónde vengo, cómo fui, por qué hice aquello, por quién lo haría de nuevo... Me ha servido para saber quien soy ahora, y por qué.

En nada Navidad y por vez primera en mucho tiempo, creo que va a ser uno de los momentos más felices del año.

Ganas de volver a casa, con los de casa.

"Y aquí seguimos, sin perder el norte."

sábado, 17 de diciembre de 2011

¿Por qué las mujeres van juntas al baño?

Os dejo un monólogo que me han pasado que responde a la famosa duda de "¿Por qué las mujeres van juntas al baño?" Muy bueno...


"El gran secreto de todas las mujeres respecto a los baños es que de pequeña tu madre te llevaba al baño,
te enseñaba a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza.

Finalmente te instruía: 'Nunca, nunca te sientes en un baño público'. Y luego te mostraba 'la posición' que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza.

'La Posición' es una de las primeras lecciones de vida de una niña, súper importante y necesaria, nos ha de acompañar durante el resto de nuestras vidas. Pero aún hoy en nuestros años adultos, 'la posición' es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está a punto de reventar.

Cuando TIENES que ir a un baño público, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que te resignas a esperar,sonriendo amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando piernas y brazos en la posición oficial de 'me estoy 'meando''.

Finalmente te toca a ti, si no llega la típica mamá con 'la nenita que no se puede aguantar más'.
Entonces verificas cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas.
Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que va saliendo.

Entras y te das cuenta de que el picaporte no funciona (nunca funciona); no importa... Cuelgas el bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), inspeccionas la zona, el suelo esta lleno de líquidos indefinidos y no te atreves a dejarlo ahí, así que te lo cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa, porque el bolso está lleno de cositas que fuiste metiendo dentro, la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso...

Pero volviendo a la puerta... Como no tenía picaporte, la única opción es sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas los pantalones y te pones en 'la posición'... Alivio...... AAhhhhhh.... por fin... Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar.... 
Porque estás suspendida en el aire, con las piernas flexionadas, las braguitas cortándote la circulación de los muslos, el brazo extendido haciendo fuerza contra la puerta y un bolso de 5 kg colgando de tu cuello.
Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza ni la cubriste con papel, interiormente crees que no pasaría nada pero la voz de tu madre retumba en tu cabeza 'jamás te sientes en un inodoro público!!', así que te quedas en 'la posición' con el tembleque de piernas... Y por un fallo de cálculo en las distancias una salpicada finíííííísima del chorro te salpica en tu propio culo y te moja hasta las medias!!!
Con suerte no te mojas tus propios zapatos, y es que adoptar 'la posición' requiere una gran concentración.
Para alejar de tu mente esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico peeero, nooo hayyyyyy...!
El rollo esta vacío...! (siempre) Entonces suplicas al cielo que entre los 5 kilos de cachivaches que llevas en el bolso haya un miserable kleenex, pero para buscar en tu bolso tienes que soltar la puerta, dudas un
momento, pero no hay más remedio.......
Y en cuanto la sueltas, alguien la empuja y tienes que frenar con un movimiento rápido y brusco, mientras gritas OCUPAAADOOOO!!!

Ahí das por hecho que todas las que esperan en el exterior escucharon tu mensaje y ya puedes soltar la puerta sin miedo, nadie intentará abrirla de nuevo (en eso las mujeres nos respetamos mucho). Sin contar el garrón del portazo, el desnuque con la correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del chorro en las piernas... el recuerdo de tu mamá, que estaría avergonzadísima si te viera así; porque su culo nunca tocó el asiento de un baño público, porque francamente, 'tú no sabes qué enfermedades podrías agarrarte ahí'.
...estás exhausta, cuando te paras ya no sientes las piernas, te acomodas la ropa rapidísimo y tiras la cadena tratando de tocarla lo menos posible, por si las enfermedades....

Entonces vas al lavabo.
Todo esta lleno de agua así que no puedes soltar el bolso ni un segundo, te lo cuelgas al hombro, no sabes cómo funciona el grifo con los sensores automáticos, así que tocas hasta que sale un chorrito de agua fresca, y consigues jabón (si es que lo hay), te lavas en una posición de jorobado de Notredame para que no se resbale el bolso y quede debajo del chorro...

El secador ni lo usas, es un trasto inútil así que terminas secándote las manos en tus pantalones, porque no piensas gastar tu kleenex para eso y sales...

En este momento ves a tu chico que entró y salió del baño de hombres y encima le quedó tiempo de sobra para leer un libro de Borges mientras te esperaba.

'¿Por qué tardaste tanto?'' te pregunta él ya aburrido.

'Había mucha cola' te limitas a decir.


Y esta es la razón por la que las mujeres vamos en grupo al baño, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te sujeta la puerta, otra te pasa el kleenex por debajo de la puerta y así es mucho más sencillo y rápido ya que uno sólo tiene que concentrarse en mantener 'la posición' y la dignidad."

domingo, 11 de diciembre de 2011

Mareo

Hola,
¿Qué hay?

Mis letras flotan de nuevo.
Vuelvo al blog. Hoy era el día: tengo muchas cosas dentro de mi. Pero esta vez me va a costar sacarlas.

Estoy tranquila, tranquilamente inmersa en el aire, entre paredes o en calle. Nada que me impida seguir siendo.
Busco mis propias sonrisas, busco mi propia alegría, porque solo yo lo puedo hacer por mí.

Hoy he estado recordando. Me he acercado a la sombra de aquel árbol, pensando que me podría sentar allí a pensar como si nada. Pero apenas he puesto un pie bajo él.... mil sentimientos, innumerables imágenes luchaban en mi cabeza, carcajadas, cosquillas, el calor de mil besos, un abrazo entre sábanas y sueños, mil despertares, otros tantos olores, el tacto de un pelo, arañazos de pasión, miradas de complicidad, el humo de la relajación....
Me he mareado.
He visto el cielo oscuro en un segundo y he tenido que recordarme quién soy, de qué va esta historia, cuáles fueron los motivos, qué pasó después...

Tanto dolor, tanto mareo, deshorientación, dolor de tripas y en las rodillas, lágrimas acumulándose en mis párpados... joder como cuesta esto.

Pero es que en verdad, quiero más, stay a little bit longer...
pero no...  ¿Por qué tuvo que ser así? ¿Por qué saliste rana? Creí que podrías ser tú....

http://www.youtube.com/watch?v=F1sHuSBUECs&ob=av2e

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Un día conocí a un hombre

Una vez conocí a un hombre.
Digo que lo conocí porque me confesó su mayor miedo.
Digo que era un hombre porque me confesó que su mayor miedo era que pasaran los años y se viera solo.

Sonreí y le prometí que yo, por el momento, no lo iba a abandonar.
Demostré que era una mujer porque le dije "por el momento" en vez de "nunca".
Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que no fui tan mujer, porque pensé como una niña que, yo nunca estaría sola. Pensé en mi enorme familia, en todos mis amigos y los que me quedaba por conocer... Y sentí lástima por él pero sin compartir ese miedo.

Ha pasado ya mucho tiempo desde aquello.
Él demostró con unos actos que también era un niño con atisbo de hombría, lo mismo que me pasaba a mi.
Y sin embargo, juntos, nos hicimos algo más mayores y al final del todo, me hizo compartir y verdaderamente comprender su miedo.

Llegó ése día que a muchos nos llega en el que te encuentras solo en tu cama, llorando por estar solo aun sabiendo que hay treinta personas a tu alrededor a menos de unos metros de distancia. No obstante, cuando te acuerdas de eso, lo único que haces es encogerte más en tu colchón y llamar a alguien que sabes que nunca va a fallarte: la ama.
Entre sollozos le dices que ya te has dado cuenta. Que se acabó el juego.
Que aquel chiste de que los animalitos son nuestros amiguitos, que hay un príncipe azul -y sólo uno- esperándote ahí fuera, que los amigos nunca te harán daño y que siempre habrá un buen chocolate caliente y una bufanda que te cubra la nariz en cada invierno es mentira. Mentira podrida.

Cuando ese día llegó y yo estaba acurrucada en mi colchón hablando con mi ama ella me dijo que los amigos de verdad son cuatro contados. Creo que una vez más la ama tiene la razón -ya se sabe que "las amas siempre tienen la razón"- y me puse a echar cuentas. Esa misma tarde quedé con uno de esos "cuatro" amigos y lo vi claro. Pero al haberme equivocado tantas veces al creer conocer a algunos de los "tres" restantes le confesé que desconfiaba mucho. Que de él (ella en realidad) me fiaba, pero de los próximos no.
Nunca he dudado que aun faltan por pasar muchas personas en mi vida, pero no va a ser tan fácil que se queden, o eso creo yo.
Desde luego, las únicas conclusiones que he sacado de todo esto es que esas "cuatro" personas son las de toda la vida, las que hasta ahora no te han fallado y tienes la firme corazonada (que no sólo impresión ¡ojo!) de que no lo harán pertenecen a ése cuarteto aunque seguro que llegará alguna más.
Y para terminar, que aquel hombrecillo, temía bien, pero yo, por mucho que la distancia me separe de mi "cuarteto" no estaré sola.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Amonita guapa.

Cuando me acerco a la taza humeante y aspiro el olor de las hierbas no puedo evitar la tentación de cerrar los ojos.
Me imagino a mi misma recorriendo el largo pasillo. Ataviada con un camisón azul claro de cuellos redondos y con un chaleco de cachemir color granate avanzo con pasos adormilados hasta llegar a la última puerta a la izquierda. Me giro y al fondo la veo a ella iluminada por una lámpara curiosamente moderna para la antigüedad de la casa. Recuerdo como levantaba la mirada del periódico (Diario Vasco) y me miraba por encima de las gafas reposando una taza de las mismas hierbas que huelo en un platito que la igual que la taza está decorado con intenciones chinas.
Su bata azul oscura con botones que creo que proceden de Rusia me transmite esa confusa familiaridad que tienen las cosas que nunca cambian.
Le doy los buenos días y con un cálido abrazo beso su fría mejilla al tiempo que me siento a su lado.
Miro el Neskuik recién calentado por la cocinera, apoyado sobre el mantel marrón de peras y manzanas y le doy un largo trago que me calienta el alma.

Estar en casa es lo que tiene.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Tripako mina eta korapiloa bigarren aldiz.

Tripako mina sabelean eta korapiloa eztarrian.
Inurridura besoetan eta zutik egoteko zailtasuna.

Ezer ez dago neure esku jada.
Bakoitzak uste duena pentsatzeko aukera badauka eta nahi duena sinistearen aurka ez daukat zereginik.
Izan ere ez da neurea zeregina. Ez det ezer egin.

Gauza da, urtebete ondoren, hain ondo ezagutu ondoren, hainbeste sekretu elkarbanatu ondoren... nolakoa naizen ez jakiteak gaizki sentiarazten nauela. Gutxinaka-gutxinaka eta kolpeak bata bestearen atzetik jaso ezkero hau da gehien min egiten didana. Antza, ez zituen nere sekretuak entzun, ezta nigan konfidatu ere, are gehiago, enindun ezagutu.
Hortaz, gezur hutsa bizi dudala sentitzen det, denbora galdu dudala ezezagun batekin, hoberen ulertzen ninduna zala sinetsiz.

 Inoiz ez zidala minik egingo zin egin zidanari nire osotasunean entregatu nintzan, kostaka. Zenbat negar beragaz konfidatzeko eskatu zidanean. Zenbat irribarre eta besarkada maite ninduela esaten zidan aldi berezi eta gutxienetan. Hor baitago gakoa, orain ere, maite ninduela uste detela. Baino norbait maitatzeko lehenik eta behin, nolakoa den, eta bera zein den jakitea beharrezkoa zelaz ziur nengoen.
Ikusita dago berriz ere, oker nengoela.

Neri gertatzea ere...r

domingo, 16 de octubre de 2011

En punto muerto.

Poca luz y mucho silencio.
Los mejores escenarios son los nocturnos.
Esto es una chica, niña unas veces, mujer otras que apaga las velas de su habitación. Se va a acostar.
Sopla la última y un palpito la obliga a girar sobre sus talones. Alza la vista y ahí está: la luna.
Brillante astro que ilumina los mayores secretos, la mayoría de las lágrimas sólo ella, dueña de la noche las ve.
La chica (en estos momentos mujer), se pierde observando su silueta realzada por la oscuridad del cielo negro. Piensa muchas cosas, pero ninguna en concreto. "¿Cuántas personas estarán mirando la luna en este mismo instante? ¿Qué pensarán? ¿Cómo serán? ¿Alguna estará bebiendo un vaso de leche? ¿Quizás estén fumando? ¿Estará él mirando la luna? ¿Se acordará de mí? ¿Quizás tanto como yo de él?"

Sólo las luces de velas repartidas por la habitación, olor a incienso de manzana, Orishas de fondo... inmejorable.

Creo que de cada persona se aprende algo, se coge alguna manía o algún rasgo... Éste es el suyo.

El día en que lo adquirió quedó grabado en su mente, al igual que aquél otro día se grabó la cicatriz en su brazo.
Era diciembre. Llevaba días peleándose con margaritas intentando que fueran ellas quienes decidieran su futuro. Sin embargo, fue ella quién llegó al salón y preguntó por él: estaba en su habitación.
Subió corriendo las escaleras, como acostumbraba a hacer desde que había dejado de hacer deporte. Era un intento por mantenerse en forma. Al subir el último peldaño paró un segundo para coger aire y tocó la puerta.
Entró.
Luces apagadas, la luz del portátil a su lado iluminaba su cuerpo derrumbado en la cama y la música de Orishas bañaba de tranquilidad la habitación. Daba la sensación de estar en punto muerto. Tumbado boca arriba, sin hacer nada, como esperando a que algo pasara, tuvo que doblar el cuello y forzar la vista para ver su cara a contraluz.

El corazón de la chica se encogió. Se desvanecieron los argumentos por los que venía y sólo quiso abrazarlo y jurarle no separarse de él en la vida.
Cerró la puerta y con pasos gráciles se acercó a la cama y se sentó a su lado.
Con unos ojos grandes y saltones la miraba con todo su ser hasta definitivamente se le olvidó el motivo de su visita.
La vida nos trata a todos de distinta manera y tanto él como ella lo sabían.
Hablaron, dejaron que la música los tranquilizara. Los problemas siguieron ahí, latentes, pero la situación había hecho que parecieran un poquito más inofensivos que hacía unos minutos.
Pasó el tiempo y ella terminó acomodándose en la cama: apoyó las manos a ambos lados del cuerpo del chico y mirándolo a los ojos desde arriba el beso fue inevitable.
A ése beso le siguió otro, y a ese otro, otro más y otro... Había caído.
Dejó que esos brazos fuertes acomodaran su cabeza en la almohada y tuvo que quitarse las zapatillas de tela para poder sentirse del todo a gusto. Por si acaso, él la ayudó a quitarse el jeresey.

La música no había dejado de sonar y ellos jugaban, rodando de un lado a otro de la cama, compartiendo caricias, besos, sonrisas, dulzura, cariño, comprensión, susurros, intimidad... Era un tipo de amor.
Irrepetible y único. Ése era su amor.